Este mes de enero, el Parque Cuscatlán se ha llenado de historias compartidas entre abuelas, abuelos, hijas, hijos, nietas y nietos, en la caminata organizada durante el Mes de la Persona Adulta Mayor por FUSATE en El Salvador. Tal y como recoge El Diario de Hoy, esta caminata forma parte de una agenda de actividades que busca visibilizar a las personas adultas mayores y promover el buen trato hacia ellas. Más allá de las camisetas, las fotos y las medallas simbólicas, esas huellas sobre el asfalto recuerdan una realidad incómoda: en el país, muchas personas mayores siguen siendo tratadas como si no importaran, como si su voz ya no tuviera lugar, una forma de edadismo que a menudo se normaliza en silencio.
Cuando la celebración convive con el edadismo
Tal y como informa El Diario de Hoy, FUSATE ha impulsado este mes más de cien actividades para conmemorar el Mes de la Persona Adulta Mayor y llamar a que El Salvador tome más conciencia sobre los derechos y la dignidad de este grupo de población. Según palabras de su presidenta, el objetivo es que “el país tome más conciencia de los adultos mayores” y deje de verlos solo desde la dependencia o la vulnerabilidad. Estas acciones muestran algo clave: si hace falta un mes entero para recordar que las personas mayores existen y merecen respeto, es porque todavía enfrentan barreras, estereotipos y una discriminación cotidiana que muchas veces ni siquiera se nombra.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha advertido que El Salvador es uno de los países de la región que está entrando en una fase de envejecimiento acelerado, con un aumento sostenido de la población adulta mayor. Tal y como señala UNFPA, este cambio demográfico exige políticas que reconozcan a las personas mayores como sujetas de derechos, y no como una carga social.
Las personas mayores como sujetas de derechos
En su análisis sobre la “tercera edad”, editoriales salvadoreñas han insistido en que todos los meses deberían ser meses de la persona adulta mayor, no solo enero, porque el respeto y la dignidad no pueden limitarse a una fecha en el calendario. Ver a abuelas y abuelos caminando junto a sus nietas y nietos, como recogen las crónicas de la caminata en el Parque Cuscatlán, no es solo una imagen emotiva: es un recordatorio de la fuerza de los vínculos intergeneracionales para derribar prejuicios y resignificar la vejez.
En informes recientes, UNFPA subraya que reconocer a las personas mayores como sujetas de derechos implica garantizar su participación, su autonomía y su acceso efectivo a servicios de salud, protección social y espacios comunitarios.
Nombrar el edadismo, como forma de discriminación por edad, ayuda a cuestionar frases cotidianas que las relegan, y abre la puerta a nuevas maneras de entender la vejez como una etapa con proyectos y decisiones propias.
La mirada de Descartados ONG
A la luz de estas iniciativas y diagnósticos, desde Descartados ONG surge una pregunta necesaria: ¿qué pasa cuando terminan las caminatas, los actos oficiales y las portadas de prensa? Las personas adultas mayores siguen ahí, muchas veces con trayectorias de vida marcadas por la pobreza, la violencia o la exclusión, y con muy pocas oportunidades reales para que su voz sea escuchada.
El compromiso de Descartados ONG es trabajar para que ninguna persona mayor se sienta descartada, ni por su edad ni por las condiciones sociales que la rodean. Apostar por una vejez digna, en línea con lo que señalan organismos internacionales y voces locales, implica escuchar lo que las personas mayores dicen sobre sus propias vidas, y revisar las prácticas y discursos que las infantilizan o las invisibilizan.
Un llamado a la acción cotidiana
Las caminatas, los meses conmemorativos y las campañas, como las impulsadas por FUSATE este enero, han sido un paso importante para poner a las personas mayores en la agenda pública. Sin embargo, como recuerdan los análisis sobre envejecimiento en El Salvador, el cambio profundo se juega en el día a día: en cómo se les habla, en si se las incluye en las decisiones familiares, en si se respetan sus tiempos, sus deseos y sus límites.
Desde Descartados ONG se invita a familias, comunidades, organizaciones e instituciones a revisar sus miradas sobre la vejez y a comprometerse con pequeños gestos concretos que cuestionen el edadismo cada día. Porque, como recuerdan los estudios sobre población mayor, una sociedad que respeta y cuida a las personas mayores es una sociedad que se cuida también a sí misma, en todas las edades.


