Muchas personas viven en situación de vulnerabilidad durante todo el año, no solo en campañas solidarias o momentos de emergencia. Como alertó el Defensor del Pueblo Andaluz, “corremos el grave riesgo de confundir los derechos con la caridad” cuando los recortes y la falta de políticas públicas hacen recaer la protección social en la beneficencia.
La limitación de la ayuda puntual
Las donaciones o gestos concentrados en momentos concretos generan alivio inmediato, pero no resuelven problemas estructurales como el desempleo, los desahucios o la falta de ingresos estables. Según el reportaje “Cuando la caridad sustituye al Estado en respuesta a la desigualdad”, muchas situaciones de emergencia quedan sin respuesta pública y acaban dependiendo de bancos de alimentos, comedores sociales o campañas puntuales para pagar alquileres o suministros.
En ese mismo artículo, la presidenta del Consejo General del Trabajo Social, Ana Lima, habla de un “fracaso claro” del Estado y explica que las y los profesionales se ven obligados a derivar a las personas hacia la beneficencia porque “plantean problemas que no se pueden resolver desde lo público”. Estudios sobre transformación estructural y pobreza insisten en que reducir la pobreza de forma sostenida exige cambios en el mercado laboral, en la protección social y en el modelo productivo, no solo ayudas paliativas.
Solidaridad vs derechos
Numerosas voces del ámbito social insisten en que lo que está en juego “no es caridad, son derechos humanos”, subrayando que la dignidad no puede depender de la buena voluntad sino de garantías jurídicas. Como señala Cáritas Diocesana de Barcelona, trabajar en la defensa de los derechos humanos significa promover un cambio en el modelo de sociedad que genera exclusión, pobreza y desigualdad, y asumir que los derechos deben convertirse en normas que los Estados se obligan a respetar, proteger y garantizar.
En la misma línea, el Consejo General del Trabajo Social ha denunciado que determinadas políticas están “sustituyendo la red pública de servicios sociales por ayudas puntuales” y que “los programas puntuales son parches que ni van a la raíz del problema ni lo abordan en su integridad”. Según este organismo, poner la caridad por encima de los derechos sociales supone un cambio de paradigma que va en contra del principio de justicia social y nos hace retroceder “del bienestar a la caridad”.
El papel del tercer sector
El tercer sector social juega un papel clave acompañando, asesorando y sosteniendo la vida de muchas personas allí donde el sistema público no llega. Estudios europeos sobre el tercer sector destacan su contribución a la cohesión social, la innovación en servicios y la defensa de colectivos en situación de vulnerabilidad. No se limita a repartir recursos materiales, sino que escucha, orienta y ayuda a las personas a identificar qué derechos tienen vulnerados y qué vías existen para reclamarlos.
Distintas organizaciones han creado programas para responder a vulneraciones en vivienda, derechos laborales, civiles y penales, trabajando desde un enfoque de derechos humanos.
Sin embargo, como recuerdan trabajadoras sociales y entidades, las ONG no deben sustituir al Estado, sino actuar como aliadas críticas que señalan las carencias del sistema y presionan por cambios estructurales.
Transformar la solidaridad en compromiso
Diversos movimientos sociales han reivindicado la idea de “solidaridad, no caridad”, entendiendo la solidaridad como una relación horizontal que busca transformar las estructuras injustas. Eduardo Galeano resumía esta diferencia diciendo que no cree en la caridad, sino en la solidaridad: “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”. Esta mirada invita a pasar de gestos puntuales a una implicación estable en el tiempo.
En la práctica, transformar la solidaridad en compromiso significa apostar por voluntariado regular, aportaciones periódicas, participación en campañas por derechos sociales y apoyo a organizaciones que trabajan desde el enfoque de derechos humanos. También implica exigir políticas públicas robustas en vivienda, empleo, educación, salud y cuidados, para que la vida digna no dependa de una campaña mediática o de la generosidad ocasional, sino de derechos efectivamente garantizados.
La ayuda puntual tiene su valor, pero no basta para cambiar vidas ni reducir la desigualdad. Mirar más allá de la caridad significa entender que las personas vulnerables necesitan presencia constante, acompañamiento y políticas estructurales que garanticen sus derechos todos los días.
En Descartados ONG, trabajamos con este enfoque, promoviendo justicia social sostenida y apoyo continuo, no solo gestos aislados.


