En nuestros hogares y comunidades de El Salvador y España, hay personas que desempeñan una labor fundamental pero invisible: el trabajo de cuidados. Cada día, a nivel mundial, se dedican 16.000 millones de horas a tareas de cuidado no remuneradas, una labor que sostiene la vida cotidiana de millones de personas pero que rara vez recibe el reconocimiento que merece. Esta tarea es realizada de forma desproporcionada por mujeres.
El valor oculto detrás del cuidado
El trabajo de cuidados incluye una amplia gama de actividades esenciales: atender a niños y niñas, personas mayores, personas con discapacidad, preparar comidas, limpiar y acompañar emocionalmente a quienes nos rodean. Aunque estas tareas son indispensables para el funcionamiento de nuestra sociedad, su valor económico y social permanece oculto en las estadísticas oficiales.
Sin embargo, su contribución es monumental. Si se valorara a un salario mínimo por hora, el trabajo de cuidados no remunerado equivaldría a 11 billones de dólares, lo que representa el 9% del PIB mundial, según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD). En regiones como América Latina y el Caribe, esta cifra es aún más impactante, alcanzando hasta el 21% del PIB regional. Este “subsidio” invisible, aportado mayoritariamente por mujeres, es el pilar sobre el que se asientan nuestras economías.
Mujeres salvadoreñas: el rostro invisible del cuidado
En El Salvador, el sistema de cuidados depende principalmente del trabajo no remunerado de las mujeres. La propia Política Nacional de Corresponsabilidad de los Cuidados reconoce que “las mujeres y las familias han sido sobrecargadas en su capacidad de cuidar; lo que origina una crisis de los cuidados, afectando su bienestar e imposibilitando su pleno desarrollo”.
Los datos confirman esta realidad. Según ONU Mujeres El Salvador, las mujeres jóvenes dedican en promedio 25.5 horas semanales al trabajo doméstico no remunerado, mientras que los hombres jóvenes solo 7.2 horas. Esta brecha de más del triple de tiempo tiene consecuencias directas: un estudio de la Universidad Centroamericana (UCA) reveló que en 2021, el 64.8% de las mujeres salvadoreñas no buscaron un trabajo remunerado debido a sus responsabilidades de cuidado, perpetuando ciclos de dependencia económica.
A ello se suma que una gran parte de mujeres salvadoreñas migra en busca de mejores oportunidades, y en destino terminan trabajando como cuidadoras domésticas. En El Salvador, hay más de 140.000 trabajadoras domésticas, pero según un informe de La Prensa Gráfica, solo el 5% de ellas están inscritas en el Seguro Social, lo que evidencia una precariedad laboral extrema y una falta de protección alarmante.
La doble jornada y sus consecuencias
Las personas que realizan trabajo de cuidados, especialmente las mujeres, enfrentan una “doble jornada”: la labor remunerada fuera del hogar y las tareas no remuneradas dentro de él. Esta sobrecarga no es solo una percepción; su impacto en la salud está científicamente documentado. Un estudio publicado en la revista Ergonomía, Investigación y Desarrollo concluyó que la doble carga laboral se asocia con un mayor riesgo de deterioro de la salud mental. La Organización Mundial de la Salud (OMS) refuerza esta idea, estimando que a nivel global se pierden 12.000 millones de días de trabajo al año por depresión y ansiedad, con un coste de 1 billón de dólares para la economía mundial.
El propio Estado salvadoreño señala que la actual organización del cuidado es insostenible, especialmente ante el envejecimiento poblacional y el aumento de la dependencia.
Esta advertencia se vuelve crítica al observar las proyecciones demográficas. Según datos del Banco Central de Reserva de El Salvador, para el año 2050, una de cada cuatro personas en el país tendrá más de 60 años. Este cambio demográfico ejercerá una presión sin precedentes sobre un sistema de cuidados que ya es frágil y descansa sobre los hombros de las mujeres.
En este contexto, las personas adultas mayores aún luchan para que sus derechos sean garantizados.
Nuestro trabajo en El Salvador
En El Salvador, desde Descartados ONG trabajamos fortaleciendo redes comunitarias y apoyando Casas de Día para personas mayores, promoviendo espacios seguros de acompañamiento y cuidado. Además, a través del apadrinamiento, garantizamos un ingreso básico a personas mayores en situación de vulnerabilidad y reforzamos los lazos de apoyo dentro de las comunidades, aliviando parte de la carga que recae sobre las familias.
Hacia un reconocimiento justo
El trabajo de cuidados es esencial para la sociedad y debe ser valorado, remunerado y protegido. Para lograrlo, se necesitan medidas concretas y basadas en la evidencia:
- Incorporar el trabajo de cuidados en estadísticas y políticas públicas, tanto en El Salvador como en España, para visibilizar su contribución real.
- Garantizar una remuneración justa y acceso a la seguridad social para quienes cuidan, reconociendo su labor como un trabajo formal.
- Proteger los derechos laborales de las trabajadoras del hogar y del cuidado, especialmente de las migrantes, que enfrentan una doble vulnerabilidad.
- Redistribuir equitativamente las tareas de cuidado que normalmente recaen sobre las mujeres, fomentando la corresponsabilidad en los hogares.
- Invertir en servicios públicos de cuidado de calidad (guarderías, centros de día, asistencia domiciliaria) que reduzcan la carga sobre las familias.
Un llamado a la acción
En Descartados ONG, creemos firmemente que cuidar también es trabajo. Así como defendemos los derechos de quienes cuidan, también queremos visibilizar la labor de cuidado que muchas personas adultas mayores realizan cada día: acompañan, sostienen vínculos, apoyan a sus familias y comunidades, y continúan siendo un pilar fundamental para la vida colectiva.
La próxima vez que recibas los cuidados de alguien, pregúntate: ¿cómo puedes garantizar que esta persona tiene las condiciones necesarias para cuidar con dignidad? La respuesta está en nuestras manos: apoyar iniciativas que fortalezcan los cuidados, exigir el cumplimiento de las políticas públicas y comprometernos con una sociedad más justa.
Te invitamos a sumarte a este esfuerzo: apoya nuestro trabajo en El Salvador, hazte padrino o madrina de una persona mayor y ayuda a visibilizar el invaluable trabajo de cuidado que sostiene nuestras comunidades.



