Las personas adultas mayores en El Salvador deberían disfrutar de una etapa de descanso y seguridad, el justo reconocimiento a toda una vida de esfuerzo y trabajo.
Sin embargo, para una gran parte de los adultos mayores, esta etapa se convierte en una lucha diaria por la supervivencia. La brecha entre los ingresos que se reciben por pensión y el costo real de la vida es una realidad que afecta a todas las personas.
El Gran Peso de la Informalidad Laboral
Durante décadas, la economía salvadoreña ha dependido de un sector informal masivo. El comercio en mercados, el trabajo agrícola o los oficios por cuenta propia son el sustento de miles de familias. Sin embargo, estas actividades rara vez incluyen beneficios como el acceso a un sistema de pensiones. Las cifras oficiales lo confirman: cerca del 70% del empleo en El Salvador es informal, según un análisis de Diario El Mundo. Esta informalidad es aún más pronunciada entre las mujeres, con una tasa del 67% frente al 57% de los hombres, según datos de Mujeres en empleo Informal: Globalizado y Organizado (WIEGO).
Un ejemplo dramático es el del trabajo doméstico, donde laboran más de 140,000 personas, en su mayoría mujeres. De ellas, solo el 5% están inscritas en el Seguro Social, lo que las excluye de cualquier posibilidad de una pensión contributiva en el futuro. Esto significa que cientos de miles de salvadoreños llegan a la vejez sin haber acumulado los fondos necesarios para una jubilación digna, a pesar de haber trabajado toda su vida.
Un sistema de pensiones con Cobertura insuficiente
El sistema de pensiones en El Salvador, a pesar de las reformas, no logra cubrir a la mayoría de la población. La combinación de alta informalidad y barreras de acceso ha creado una de las coberturas más bajas de la región.
Datos de 2022 de ElSalvador.com posicionaban a El Salvador como el segundo país de Latinoamérica con la menor cobertura de pensiones, ya que menos del 20% de los adultos mayores de 65 años recibían una. Según La Prensa Gráfica (2025), en la práctica, esto significa que más del 80% de las personas mayores quedan desprotegidas, dependiendo exclusivamente del apoyo familiar o de pensiones no contributivas insuficientes.
Trayectorias laborales: Bajos salarios y Brecha de Género
Incluso para quienes logran cotizar, el camino está lleno de obstáculos. Los bajos salarios limitan la capacidad de ahorro y el monto final de la pensión. Además, las interrupciones en la carrera laboral, especialmente entre las mujeres por roles de cuidado, crean “lagunas”; que merman la pensión. Un estudio de la Universidad Centroamericana (UCA) reveló que en 2021, el 64.8% de las mujeres salvadoreñas no buscaron un trabajo remunerado debido a sus responsabilidades de cuidado.
Esta desigualdad se traduce directamente en la jubilación. En 2022, la pensión promedio de un hombre era de $405.84, mientras que la de una mujer era de $373.16, una brecha de $32.68 mensuales que agrava su vulnerabilidad económica.
Esta diferencia no es casual, sino el resultado de una brecha salarial estructural. Un informe de la Fundación Friedrich Ebert (FES) señala que, en promedio, las mujeres en El Salvador reportan salarios $59.98 mensuales inferiores a los de los hombres, lo que impacta directamente en sus cotizaciones y, por ende, en su futura pensión.
Un Llamado a la Acción: Por una Vejez Digna para Todos
Desde Descartados ONG, creemos que es urgente actuar para cambiar esta realidad. No se trata de caridad, sino de justicia. Proponemos un camino basado en el diálogo, la propuesta y el apoyo mutuo:
- Fortalecer la Protección Social: Es fundamental seguir dialogando con las autoridades para ampliar la cobertura de las pensiones, especialmente para quienes han trabajado en la informalidad. Las pensiones no contributivas deben ser universales y suficientes para garantizar una vida digna.
- Reconocer el Valor de Todo Trabajo: Debemos buscar mecanismos para que todos los trabajos que actualmente se desarrollan en la informalidad, incluidos los cuidados remunerados, sean reconocidos.
- Educación Financiera para Todas las Edades: Como comunidad, podemos promover talleres y charlas sobre la importancia del ahorro y la planificación para el futuro, dando herramientas a las nuevas generaciones para que no enfrenten nuestra misma situación.
- Crear Redes de Apoyo Comunitario: Organizar y fortalecer redes de apoyo entre vecinos y en nuestras comunidades es clave. Juntos podemos identificar a los adultos mayores en mayor necesidad y buscar soluciones colectivas, desde compartir un plato de comida hasta acompañar a alguien a sus citas médicas.
Ignorar la brecha de ingresos en la vejez es darle la espalda a nuestra propia historia y a nuestro futuro.
Las PAM de El Salvador continúan defendiendo su derecho a una vejez digna, el mismo derecho que todas y todos esperamos tener mañana.
Colaboremos hoy.



